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14 - 10 - 2012

Encontré en casa unos libros que cogí prestados de la biblioteca en 2003, estamos a 2012, una barbaridad de tiempo lejos de la biblioteca. El por qué no los devolví en su día lo desconozco, 9 años atrás tenia 21 años, era un chico responsable por lo general pero a lo mejor se extraviaron, pudieron pasar mil y una cosas. Un año los encontré haciendo orden y los guardé para devolverlos a la biblioteca, pero casi nunca estaba en mi ciudad y menos con la biblioteca abierta, hasta hoy.

Pensé, voy a devolver los libros y recordar lo que era estar en ese espacio trabajando/estudiando, y de paso probaré la conexión a internet, 9 años sin ir a la biblioteca, ¡Cuanto tiempo! Y esto es lo que pasó:

Al entrar vi que todo seguía igual, la biblioteca de Manresa es un antiguo casino (curiosa paradoja) donde se bailaba y se ligaba, hoy en día creo que aún se liga. Es una biblioteca agradable, con un toque moderno.

Me dirigí a la recepción donde una chica joven muy agradable me atiende y le explico que he encontrado estos libros que cogí en el año 2003, y que me gustaría devolverlos, le pregunto si falta alguno más porque me suena que había otro pero no lo encuentro. La chica se sorprende, lógicamente, por la cantidad de años que han pasado, pero amablemente mira la base de datos, uno de los que devuelvo lo han eliminado, parece que tenían poca fe en mi para recuperarlo, y efectivamente me informa que cogí otro más: Origamis (papel plegado), le pregunto que debo hacer en el caso que no lo encuentre y me explica que debería pagar lo que cuesta. Busca el precio, 15,38€, le digo que miraré si lo tengo y sino lo encuentro lo pago, y ella muy amable me apunta el nombre del libro y el precio en un papel.

Todo muy agradable y correcto.

Me siento en una de las mesas, conecto el ordenador y me dispongo a ver como funciona la conexión a internet. El Wifi me pide un número de carnet pero el mío no lo recuerdo, y el carnet físico después de 9 años a saber en que rincón del mundo estará.

Busco desde el iphone si puedo recuperar mi número de carnet y en la página oficial de las bibliotecas de Catalunya me informa que debo dirigirme a la biblioteca para obtener el número, una vez tenga el número podré gestionar desde la web los libros que debo, etc, algo que provoca mi curiosidad por ver si están guardados los libros que pedí con menos de 21 años.

Así que voy otra vez a recepción y me encuentro una señora mayor, la joven se había ido un momento, le pregunto si puede decirme mi número de carnet, dice que sí, pero cuando accede a mi cuenta ve en rojo que estoy expulsado del préstamo de libros, se escandaliza.

-¡¿Cómo?! que debes libros desde el 2003?!!! No te puedo dar el número.
-Perdona? ¿Cómo que no puede dármelo? es mi número.
-¿No tienes el carnet?
-No, hace 10 años que no lo uso.
-No has devuelto los libros, no te lo puedo dar.
-Pero señora sí que he devuelto los libros, los tiene allí – señalándolos encima de la mesa – y me falta uno que si no lo encuentro lo pagaré encantado. Además eso no impide que deba negarme mi número de carnet.
-¿Pero que te has creido?, ¡Hasta que no devuelvas el libro no te lo puedo dar!
-Señora, necesito ese número para entrar a mi cuenta, no puede negármelo, es un servicio al ciudadano.
-¿No tienes el carnet?
-No, ya le he dicho que no.
-Pues ve a hacerte el carnet a ese lado.

Voy al otro lado donde hay otra mujer también mayor, y veo que coge un teléfono, miro a la anterior y veo que está hablando por teléfono, deduzco que le está explicando algo sobre mi porque cuando hablo con la señora ya estaba enterada de la situación. Y me niega también tanto hacerme el carnet como darme el número.

-Tiene que darme mi número.
-Claro, hecha la ley hecha la trampa.
-¿Cómo?
-Tu lo que quieres es conectarte a internet, y si te doy el número te vas a conectar.
-¿Perdona? Quiero mi número para gestionar mi cuenta por internet. No se me permite coger libros pero si tener mi número, es tu obligación.
-No te lo voy a dar.

A lo que le digo que me firme un papel con su nombre y con la negación a entregarme mi número. Dice que no, que eso lo hable con la responsable de la biblioteca que es la otra señora, así que vuelvo hacia esa señora gruñona a decirle lo mismo que antes.

– Me ha dicho que usted es la responsable, tiene que darme el número.
– Yo no soy la responsable
– ¿Quién es el responsable?
– No hay responsable
– …¿Me darás mi número?
– No
– Pues debes firmar un papel donde ponga que tu no me has dado el número para poder denunciarte.
– No, cuando devuelvas el libro…
– Yo me hago responsable de que haya devuelto los libros años después, no tengo ningún problema, está mal hecho, pero tu debes hacerte responsable de negarme mi número de carnet.
– No puedo darte el número, primero nos devuelves los libros.
– Yo ya he devuelto los libros, solo me falta uno que si no lo encuentro lo pagaré encantado.
– No puedes ir por la vida así.
– ¿Perdona? He devuelto los libros.
– Ah! ¿Tenemos que darte las gracias?
– No, está mal hecho, pero los he devuelto, y tu debes darme mi número.
– Por favor – atendiendo a otra mujer mayor de labios pintados, como si hubiera metido el morro en un tazón de salsa de tomate.

– ¡Aparta hombre! – me espeta la mujer de labios pintados.
– Oiga que a usted no le están negando su número, esté tranquila.
– Llevo todo el rato esperando.
– No es mi culpa que se nieguen a darme mi número de carnet.
– Cállate.
– Señora por favor, ¡No sea mal educada!
Me mira con cara de desprecio y sigo hablando con la mujer gruñona.

– ¿Vas a darme mi número?
– No
– ¿Por qué no me das mi número? Porque eres mala persona? No quieres darme un papel firmando que te niegas a darme mi número porque sabes que está mal. Estás haciendo algo en contra de mi derecho de servicio al ciudadano.
– No te daré el número hasta que devuelvas el libro.
– En el ordenador dice que no puedo coger ningún libro pero no dice que no puedas darme mi número de carnet, en realidad debes darme mi número de carnet, me pertenece, ¡Debes dármelo!
– No puedes hacer ningún uso de la biblioteca.
– Yo no haré ningún uso de la biblioteca, quiero mi número y luego me voy.
– No te voy a dar tu número.
– No puedes negarme mi número, ¿Vas a dármelo?
– No.
– Entonces llamo a la policía.

Recordé que iba a pagar por llamar a la policía, y no quería pagar, así que empecé a pedirle los libros que había devuelto que estaban en la mesa.

– Dame mi libro.
– No es tu libro.
– Lo habéis eliminado de la base de datos, ahora es mío hasta que no me des mi número.
– Voy a llamar a los Mossos d’Escuadra (Policía catalana).
– Genial, llámalos para explicarles que te niegas a darme mi número de carnet.

De repente vuelve la chica joven y agradable del inico de la historia.

– ¿Qué pasa?
– ¡Por fin! quiero mi número de carnet y no me lo quiere dar.
– Yo antes le he mirado la ficha donde hay su número, ha devuelto estos libros. ¿Pero por qué quieres el número?
– Por que quiero entrar en mi cuenta, es mi derecho. – en realidad ya me daba igual mi cuenta, esa mujer se había tomado las normas por su cuenta, y algo muy profundo dentro de mi odia que la gente me engañe, y no desisto hasta el último aliento para que corrijan su error.

La señora mayor gruñona de repente parece que desiste y en un arrebato de venganza, apunta mi número de dni.

-dale, dale su número -le dice a la joven – ahora verás – y se larga.

La chica me da mi número y yo para desentenderme totalmente de la biblioteca le digo que no buscaré el libro que falta, que ya lo pago ahora mismo, lo pago y de repente aparece la mujer gruñona.

-¡Que sepas que te he bloqueado tu carnet durante un año!
-Pues muy bien señora, no lo he usado durante 10 años, y en unos días me voy un año a Asia, no creo que lo vaya a usar. Solo quería devolver los libros que un joven de 21 años nunca devolvió y así corregir el error.
-Ah… ¿Te vas a Asia?… muy bien, así no tendremos morosos.
-Si es así como recibes a la gente que devuelve los libros nadie los devolverá. Nadie quiere aguantar a una mujer gruñona. Tiene que calmarse. Muchas gracias – dirigiéndome a la joven.

Y me siento dentro de la biblioteca tranquilamente a escribir esta historia surrealista donde me preocupa el trato de la gente mayor, parecía que hubiera retrocedido años atrás, ¿Que es esto de tomarse las normas a su antojo mintiendo? ¿Y esta mala educación?

Pensando en las dos mujeres mayores trabajadoras de la biblioteca, he recordado que son las mismas de hace 9 años, y eran igual de antipáticas. No es problema de la edad. La chica joven era un encanto, había sido un placer tratar con ella. Fue tan agradable que iba a buscar ese mismo día el libro que faltaba, pero con el trato de estas viejas les hubiera metido el libro por un lugar.

Increíble como solo por cambiar el tono, una situación puede convertirse en una lucha estúpida para conseguir un número de carnet, que deduzco no me lo querían dar para que no pudiera conectarme a internet, castigo adicional y personal de ellas hacia mi porque seguramente, no les debió parecer suficiente la penalización de mi carnet por devolver tan tarde los libros. Actitud muy estúpida hoy en día, tengo internet en el móvil, en la cafetería de al lado y en mi casa. Y es que a veces por muy mayores que seamos somos como niños.

Al final, en mi cuenta de internet no había ningún registro, ni los libros que debía desde hace 9 años.
¿Tardaré 9 años más en pisar una biblioteca o ya no existirán por entonces?

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Un pensamiento en “Biblioteca, viejas gruñonas y números de carnet

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